Antinoo / Osiris
Cuando lo sacaron del Nilo, parecía de alabastro.
Los cocodrilos y los
peces respetaron la integridad de su hermoso cuerpo.
Lo vi, desnudo,
sobre un lecho de hojas de papiro.
Manos piadosas lo habían rodeado de
flores de loto de todos los colores.
Era un muchacho. Solamente un
adolescente griego.
Pero pudo llegar a ser el Emperador del mundo
conocido.
Semanas después me amonestaron:
--El Emperador de Roma quiere hablar contigo. Haz el viaje, ahora mismo.
Diez soldados romanos me llevaron hasta el campamento de Adriano.
Al
Emperador le gustaba más la austeridad de un campamento, que la
suntuosidad de los palacios del Egipto.
Después de todo seguía siendo
un soldado en el ejercicio de las armas. No hubo protocolo.
El dolor lo
llevó a buscar la vida sin adornos.
Cuando quise postrarme, me
levantó y dijo:
--No. Un Hierofante no es inferior a un
Emperador Romano.
Te hice venir porque se supone que sabes hablar de la
muerte.
¿Puedes compartirlo conmigo?
--Ya te has muerto una vez en esta vida, Señor.
Debes recordar que el que muere antes de morir, no muere cuando muere.
--Sí. Pero quisiera hablar de otra muerte.
De la muerte que produce la
ausencia del ser amado.
Esta falta de fervor y de caricias.
Esta
carencia de miradas comprensivas.
Vivir sin ese pacto secreto y
misterioso que une a dos personas y que hace innecesarias las palabras.
Yo tenía dos mil años de filosofía a mis espaldas, pero era incapaz de
paliar su sentimiento.
Busqué, por eso, otra forma de decirlo:
--El joven es más feliz ahora, libre de las necesidades y ataduras de su cuerpo; libre de intrigas y de celos.
Más feliz sin el yugo de las responsabilidades que, tal vez, no quería sobrellevar.
Piensas Señor, en tus deseos, pero debes pensar en la felicidad del ser amado.
--Siempre supe que el amor se vuelve egoísta cuando está tocado por las urgencias de la carne.
El mío lo es, sin duda.
No puedo ni quiero engañarme, ahora, que estoy tan solo.
¿Pero tú crees, amigo, que
quiso morir para no enfrentar las tareas del gobierno?
--No creo que muriera para evitar llegar al trono.
Morir en el agua es regresar al vientre de la madre.
Los griegos dicen que Zeus se lleva a
sus predilectos al Olimpo ...
--Ah! En ese caso tendría celos
de Júpiter! --dijo Adriano.
--Dime, y cúal es entonces, la vida
verdadera?
Esta hermosa y triste vida, donde el alma es una llama
tenue.
No tuve que responder a su pregunta.
En una carreta traían un gran bulto envuelto en mantas de lino egipcio.
Era una estatua.
La primera versión apresurada del dios adolescente.
Ante un enfático gesto del Emperador, los soldados comenzaron a desenvolver el
mármol.
Delicadamente retiraron las gasas como quien deshace una
momia.
Y de este proceso inverso surgió el cuerpo adolescente: un Antinoo.
Adriano comenzó a darle vueltas, lentamente.
En
cada paso, cada fragmento de ese mármol despertaba un recuerdo, una
sensación, una pasión apenas contenida.
--Así era. Así de
hermoso era ...
--me dijo en voz baja
--.Tenía el poder de la
inteligencia y el desafío de la belleza.
Como si fuese un dios.
¿Será un dios verdadero?
--Sí, sí lo es. Porque amaba y
soñaba como solamente lo hacen los dioses
--respondí.
La deificación de Antinoo era inevitable.
La noticia de su muerte, en
la misma fecha que la del dios Osiris, había recorrido el Egipto
entero en pocos días.
Al mismo momento de su muerte, se iniciaron las
lluvias después de tres años de sequía.
Paisanos y sacerdotes lo
habían decidido; para ellos era una nueva señal del cielo.
--Gracias, necesitaba saberlo por corazón ajeno --sonrió Adriano.
Lo habían embalsamado de acuerdo al proceso sólo conocido por los
Señores de la Casa de la Muerte.
Y, siguiendo la costumbre romana, le
hicieron una máscara pintada con su rostro.
Lo pusieron en el centro
del pequeño templo, una escasa estructura, al estilo griego.
Al despuntar el día se oyeron relinchar los caballos. Minutos
después, diez soldados revisaron el lugar para asegurar la integridad
del Emperador.
--Abuso de nuevo de tu amabilidad y confianza. ¿Puedo pedirte que hagas los rituales?
--Puedes, Señor.
El joven Cómodo me
visitó hace cinco días para concertar detalles.
--Cómodo ha sido de gran ayuda. Ahora sus celos se han disipado y será mi sucesor.
--La ceremonia será dentro de tres días
--dije --. Si puedo hacer algo para que tu estadía sea
más agradable ...
--Sí --dijo Adriano--. Necesito aprovechar estos días para que me
expliques muchas cosas.
Estoy desorientado y, tal vez, he tomado
algunas medidas precipitadas. Te necesito cerca.
Esa misma tarde, después del refrigerio, nos reunimos frente al Nilo.
--Dentro de una hora será de noche y, nuevamente, sentiré esa
entrañable soledad ...
--dijo Adriano--.
En Judea prohibí a los
árabes y a los judíos las salvajes costumbres de la castración y de
la circuncisión.
--Si, es una medida sanitaria. En el desierto, por falta de agua ...
--Para los judíos es una medida religiosa compulsiva --cortó Adriano.
--A veces los gobernantes protegen a la gente con medidas obligatorias
que, de otra manera, serían ignoradas --repuse.
Un silencio largo y necesario acomodó el momento.
Los soldados se
acercaban con antorchas y sahumerios.
Yo me quité un talismán del
cuello y se lo di.
--Es una protección --le dije.
--¿Contra los demonios?
--Mejor ... contra los mosquitos.
--Dime, amigo, ¿es un amuleto?
--No, Señor. Es un talismán de hierbas medicinales cuyo olor disgusta a los mosquitos.
Adriano se llevó el talismán a la nariz.
--Pero no me huele a nada.
--Eso demuestra que no eres un mosquito, Señor.
El Emperador rió por primera vez desde que nos conocimos.
Su risa era
firme, fuerte, masculina. La clara risa de un general romano.
Al entrar en el pequeño templo, fresco de penumbra, caí en cuenta de
que Adriano no había visto la momia de Antinoo.
Se quedó perplejo,
mirando el blanco bulto en el centro de la nave.
La momia recostada en
su sarcófago abierto, tenía puesta la máscara romana pintada con el
rostro del muchacho.
Cuatro frascos a los pies del sarcófago,
contenían las vísceras.
Todo esto era más fuerte que el
Emperador de Roma.
Adriano dio media vuelta y salió. Los soldados y
los muchachos, entre los cuales estaba Cómodo, esperaban fuera del
templo.
Decidí comenzar la ceremonia de inmediato.
Ocho sacerdotes de Osiris precedieron la marcha, seguidos por dieciseis acólitos
que portaban los símbolos sagrados.
Adriano y sus ayudantes, llevando
los emblemas imperiales, entraron a la ceremonia.
Después vino la
Entronización del nuevo Dios.
Aunque no entendía la lengua egipcia,
Adriano estuvo conmovido durante el acto.
Al concluir la
ceremonia, Adriano ofreció un banquete del cual todos participamos.
Comenzaba a atardecer.
Era la hora de nuestra reunión diaria.
Nos
sentamos, como otros días, a conversar.
El Emperador tenía una
preocupación que, por fin, pudo formular.
--El cuerpo del dios ... ¿debe permanecer en el Egipto?
--No, Señor. Puedes llevarlo a Roma.
--Construiré templos en toda la extensión de la tierra conocida.
Todo
el Imperio tendrá a un nuevo dios
--dijo Adriano y sonriendo agregó:
--El talismán funciona. Anoche dormí con él y estuve libre de
mosquitos ...
Hoy me reconcilié con el Nilo. Y supe que el río no era
bueno ni malo.
Lo vi, entonces, como un instrumento del destino ...
--¿Conoces, Señor, la historia de Osiris? --le pregunté.
--No. No se nada sobre Osiris.
--En la misma fecha del octavo mes, en que falleció Antinoo, Osiris
fue muerto.
Desde entonces, en ese mismo día, se conmemora su
aniversario.
Ahora se celebrarán juntos los dos dioses.
--Osiris y Antinoo: Egipto y Roma --dijo Adriano pensando en la política.
--Señor, hemos tenido tres años de sequía.
Y ahora, que el joven ha
muerto, crecieron las aguas.
Los paisanos piensan que el río pide,
cada cierto tiempo, la vida de un efebo.
--Eso añade otro detalle a su gloriosa muerte.
Yo no supe entender por qué Adriano consideraba gloriosa la muerte del
muchacho.
A mí me parecía un accidente.
Pero el Emperador estaba
tejiendo un mito.
--Mañana partiré para Alejandría, luego
a Judea; después a Grecia.
¡Debo volver a Grecia!
Antinoo era de
Bitinia; ahora sabrán que han producido un dios tan grande como Hermes
o el mismo Apolo.
Ha sido bueno conocer a alguien que tiene las llaves
del Olimpo y las claves...
Moneda con la estrella que representa la divinidad de Antinoo
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